Reig Pla compara el aborto y la esclavitud, y negros pro-vida le dan la razón en 5 puntos

Esclavistas antiguos y abortistas modernos comparten las mismas 5 argumentaciones. Conózcalas. La refutación es una: no tratar a la persona como un objeto.

Actualizado 11 abril 2013

Pablo J. Ginés/ReL

Para escándalo de la prensa pro-aborto en España, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, portavoz de los obispos españoles en los temas que atañen a la defensa de la vida y la familia, ha comparado la lucha contra las leyes abortistas (y su práctica, se entiende) a la lucha contra las leyes esclavistas (y su práctica).

Esta comparación no es una originalidad del obispo: desde que se aprobó el aborto en Estados Unidos en los años 70, la han señalado muchas personas, juristas, historiadores, médicos, blancos y negros: los argumentos de la cultura esclavista en el siglo XIX y los de la cultura abortista actual son casi idénticos. Y se refutan igual: pidiendo que no se trate a un ser humano (sea un negro o un no-nacido) como una cosa.

Con la abolición, un grito de libertad
«Que un día, ojalá sea pronto, podamos decir que todas las leyes que en España permiten la muerte de seres inocentes en el seno de sus madres o todas aquellas que puedan por acción u omisión promover la muerte de ancianos o enfermos, al final, van a ser abolidas en España. Ese día sería un día de grito de libertad como el día que se aprobó la abolición de las leyes de la esclavitud», ha dicho el obispo en la presentación del Encuentro Internacional por la Vida que se celebrará este fin de semana en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

¿Y qué piensa la comunidad negra pro-vida de la comparación entre esclavitud legal y aborto legal?

Pues está de acuerdo con el obispo, como lo demuestran estos 5 puntos que señala la asociación BlackGenocide.org (que recuerda que la industria abortista se lucra desproporcionadamente en los barrios de población negra, donde invierte más clínicas, personal, publicidad y recursos).

Las 5 argumentaciones que usan tanto esclavistas como abortistas

1. Los opresores niegan a la víctima la categoría de “persona”, incluso desde sus más altos tribunales

Así, en 1857 el Tribunal Supremo de EEUU (un país democrático, con elecciones y equilibrio de poderes y una Constitución) estableció que los negros eran “una clase de seres inferior y subordinada”.

Diario de la Marina, Cuba, 1846 Y en la vida cotidiana eran mencionados como “mercancía”, “producto”, “unidades”, “machos y hembras”, y a los niños “crías”, etc… Incluso a los que se les tenía cariño se les ponían nombres de mascota (“Mingo”, “Pongo”) y no de personas.

De igual forma, en 1973 el Tribunal Supremo de EEUU declaró que “la palabra ´persona´ no incluye al no nacido, tal como la usa la Constitución” (la misma que permitía la esclavitud, la misma que mantienen hoy, aunque con enmiendas).

El lenguaje abortista, como el esclavista, deshumaniza al ser humano en su fase prenatal y le llama “producto de la concepción”, “nasciturus”, etc… La Ministra Bibiana Aído en España se hizo famosa diciendo que el embrión humano era un ser vivo que no era humano.

2. Los opresores, en vez de hablar del oprimido, hablan del “derecho a elegir” (de los opresores, por supuesto)

En los debates en el Senado de EEUU en 1858, el senador Stephen Douglas insistía en que él personalmente estaba en contra de tener esclavos, pero que cada Estado de EEUU tenía el derecho a elegir si quería ser un estado esclavista o no.

También era común que los empresarios esclavistas dijesen: “si no quieres tener esclavos, no los tengas, nadie te obliga, pero no limites mi derecho a elegir tenerlos”. Olvidan que ellos sí obligan al esclavo a ser su propiedad (por no hablar de cómo pervierte la economía, el trabajo y la competencia el que unos usen esclavos y otros paguen sueldos a sus trabajadores).

Lo mismo sucede hoy. Los pro-aborto dicen que “abortar es un derecho”, que “no es obligatorio” y que es el “derecho a elegir” (la mujer “elige” abortar; el médico “elige” practicar el aborto).

Dejando a un lado que hay sanitarios, médicos y mujeres forzadas y presionadas para hacer abortos (y hay mil formas de presionar), es evidente que al humano no nacido se le ha obligado a ser víctima, a morir. Además, se obliga a los padres y maridos, y a los abuelos y abuelas, y a las personas que querrían adoptar o proteger al niño a asistir impotentes a la eliminación de su hijo, nieto o simple congénere humano.

El “si no quieres no lo hagas, pero déjame hacerlo a mí” lo han usado los esclavistas, los abortistas y muchos otros que querían justificar sus crueldades.

3. Los opresores usan argumentos económicos: la opresión es necesaria por sus beneficios (para el opresor)

Los esclavistas insistían en que el bien económico necesitaba la mano de obra esclava… la sana y fuerte, se entiende.

Los abortistas insisten en que el bien económico de la mujer (y a veces también el “bienestar físico, psíquico y social”) requiere del aborto. A veces incluso presentan estadísticas (por lo general muy erróneas) sobre lo bueno que es el aborto para “ahorrar costes” a la sociedad, eliminando niños “que no serán queridos y causarán costes sociales” o, directamente, eliminando hijos enfermos. Como en la esclavitud, se valora la producción de “sanos y fuertes”. El humano es visto como mero objeto productivo… o un impedimento eliminable.

4. Los opresores hablan del oprimido como de una enfermedad, amenaza sanitaria, plaga que hay que controlar

Es otra forma de deshumanizar. Los esclavistas podían recurrir a este argumento, e incluso Benjamin Rush, un científico de la época que personalmente se oponía a la esclavitud, consideraba que los negros eran enfermos, algún tipo de blancos deformados en necesidad de una cura. Pero otras veces bastaba con considerarlos “parásitos”.

De igual forma, los abortistas hablan del feto y el embrión humano como un “parásito” dentro de la mujer (por ejemplo, Warren Hern, en su libro de texto “Abortion Practice”).

Y hablan del aborto como de una práctica “médica”, cuando lo cierto es que el aborto no cura nada y muy a menudo empeora la salud (física, mental) de la mujer.

5. Los opresores declaran que la opresión es lo más humano y compasivo que se puede hacer con los oprimidos

Así, los esclavistas decían que los negros no se podían cuidar ni alimentar solos, que se dañarían, morirían, que siendo esclavos viven mejor.

De igual forma, los abortistas dicen que es mejor matar al niño antes de que nazca a que viva en un mundo donde hay enfermedades, pobreza, sufrimiento… Presentan su opresión sobre el indefenso como “un favor” (por supuesto, ni solicitado ni razonable.. ¿o matamos a los niños de 5 años, o a los adultos, simplemente porque en el mundo hay dolor y sufrimiento?).

Estas son las 5 argumentaciones que esclavistas y abortistas han compartido desde el principio, según el grupo pro-vida negro BlackGenocide.org.

La batalla por la vida será larga
Es en este contexto que el obispo de Alcalá añade: «Esta [la defensa de la vida] es una batalla larga, tan larga posiblemente como la que pretendía abolir la esclavitud porque estamos viviendo un momento de crisis de civilización en que se ha oscurecido el carácter inviolable de la vida humana».

El aborto se legalizó por primera vez en ese país tan “democrático” y “libre” y “amante de la vida” que era la Unión Soviética de 1917: el aborto legal cumplirá un siglo dentro de 4 años. Los países occidentales lo fueron adoptando en los años siguientes.

La pregunta es si celebrará Occidente dentro de 4 años el Centenario del Aborto legal con cohetes y confetti y discursos satisfechos, o lo hará con la vergüenza de quien sabe estar cometiendo la misma iniquidad que con la esclavitud.

El aborto terminará aboliéndose como se abolió la esclavitud

MARTA SANTÍN - ACEPRENSA

Ángel Pintado es uno de los mayores exponentes del Partido Popular en la defensa de la vida. Ex diputado y ahora senador, preside desde hace un año la Acción Mundial de Parlamentarios por la Vida y la Familia. A pesar de que la corriente por abortista inunda todas las instituciones parlamentarias, él considera que la batalla por la vida tiene las de ganar.

En el año 2002 comprometió su puesto político. Votó en contra de su partido en la reforma de la Ley de Reproducción Asistida junto con Luis Azpiroz (del PP) y Luis Silvia (CiU). En su opinión, con esta la ley “se abría la vía para la instrumentalización de la vida humana”. No solo no se le sancionó por aquella actuación, sino que además, su valentía hizo que muchos parlamentarios comenzaran a reflexionar sobre la vida, el aborto y la dignidad humana. Acaba de participar como invitado en el 30 aniversario de la Federación Provida.

Manifiesta una esperanza insólita y está fuertemente convencido de que la cultura de la vida vencerá a la cultura del derecho al aborto.

– Mi esperanza no es una utopía. Se están produciendo grandes cambios culturales. En España, el gobierno socialista ha provocado un revulsivo en la sociedad. En la defensa de la vida existe, en mi opinión, un paralelismo con lo ocurrido con la esclavitud. Tuvieron que pasar varios siglos hasta que la abolieron. En el contexto de aquella época, no se tenía conciencia de que se estuviera haciendo algo mal, se veía la esclavitud como una necesidad económica para el progreso. Estoy convencido que llegará un día en que nacerá una declaración en un parlamento nacional o internacional, habrá un punto de ignición en el que se dé por abolido el aborto y yo creo que ese punto de luz ha comenzado. ¿Cuántos años costará? Depende de nuestro trabajo.

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